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Si quieres puedes autoengañarte, pero si no ya tienes elementos más que suficientes y experiencias previas para saber que "voto útil" y "mal menor" es lo mismo que aborto, sodomía y "realidades nacionales" impulsadas desde el Gobierno y el Parlamento

El Bioderecho, una herramienta del Biopoder

por Beatriz Eugenia Campillo Vélez

El biopoder es un fenómeno que se viene presentando a raíz de los avances en ciencia y tecnología, y que sin duda cambia el escenario mundial que hasta entonces conocíamos, si bien la pretensión de ejercer control sobre las diversas formas de vida no es nuevo, es ahora con estos avances donde se ha potenciado dicho comportamiento, abriéndose las puertas a una intervención que puede llegar a modificar, condicionar o seleccionar el tipo de vida que se quiere, siempre teniendo como centro intereses de orden político y económico. Sumado a lo anterior, aparece el bioderecho, que se puede definir como la respuesta jurídica que reciben las preguntas formuladas por la bioética. Sin duda, esta “nueva” disciplina esta fuertemente influenciada al poder político, llegando a ser una herramienta suya

Términos como bioderecho, biopoder, bioética, entre otros, son hoy estudiados por la academia con gran interés. Para muchos, estos temas siguen perteneciendo a la ciencia ficción, cobrando vida solo gracias al séptimo arte, aunque, por el contrario, son más cotidianos que nunca; sólo que no resulta conveniente que se divulguen en sentido pleno, al menos no sus peligros; además, pone a tambalear más de un discurso, y exige una visión crítica que descubra que tras la fachada de grandes avances científicos, muchas veces se ocultan los verdaderos y más perversos intereses que ponen en riesgo la vida humana.

En este artículo, solo he de referirme al bioderecho y su relación con el llamado biopoder. Aclarando de qué se trata a grandes rasgos la problemática, para llegar al concepto, la importancia de esta nueva disciplina y por último la relación entre ambos términos.

Para comenzar, es necesario entender cuál es la situación que se presenta, así de manera muy breve diremos que el escenario mundial, actualmente, muestra que la ciencia y la tecnología, en nombre del progreso, han entrado a manipular la vida, con procesos como el aborto, la eutanasia, la procreación humana asistida, la criopreservación, la clonación, entre otras, sin medir límites, ni consecuencias de ninguna índole. De ahí la importancia de la valoración bioética, disciplina ésta que ha venido desarrollando un diálogo entre el humanismo y la ciencia, para intentar hallar soluciones en un marco de reflexión interdisciplinaria, llegando a cuestionar al Derecho con el fin de obtener respuestas jurídicas, lo cual da origen a una nueva rama de éste denominada Bioderecho. A raíz de lo planteado surgen los dos conceptos fundamentales que estamos estudiando: el bioderecho y el biopoder. A este último no le dedicaremos mucho, pues solo nos interesa aquí su relación con el primero, sin embargo, hay dos puntos básicos que sí se deben conocer: Primero, decir que surge cuando la ciencia y la tecnología desde la intervención que hacen en la vida humana (vulnerando muchas veces la dignidad) o en su entorno, sirven como mecanismos en las relaciones de poder; Segundo, saber que el biopoder en la búsqueda del control o la administración de la vida, en sus diversas manifestaciones, divide sus actuaciones en dos ramas: la Biopolítica y la Anatomopolítica [1] .

Respecto al otro término, el bioderecho, tengamos en cuenta que es una disciplina muy nueva dentro del mundo académico, incluso la doctrina no ha unificado la denominación, se habla entonces de: derecho genético, biojurídica, derecho biológico, biolegislación, derecho tecnológico, biotecnología jurídica, derecho médico, iusgenética,  bionómica, entre otras.

La Dra. Gloria Naranjo en su obra, “Investigación en genética humana y Derecho”, trae una reflexión sobre el origen y la importancia de esa disciplina, donde expresa:

“…se reclama un marco normativo jurídico con el fin de ordenar el accionar de la comunidad científica y con miras a establecer soluciones a  conflictos de intereses, que se deriven del mismo; pero el derecho tradicional es insuficiente para cumplir dicho cometido y se hace necesario su replanteamiento, con el fin de adaptarlo a las nuevas realidades sociales, dando origen al bioderecho. No en vano se afirma que el bioderecho -el cual se ha convertido en el mayor desafío al que ha sido sometido el sistema jurídico en los últimos tiempos-, surge como respuesta a las preguntas que la bioética le plantea al derecho.” [2]

Continuando la explicación, es conveniente precisar que el bioderecho se divide en dos corrientes: la personalista y la utilitarista. La primera concepción se fundamenta en preceptos antropológicos y Kantianos, como el reconocimiento del ser humano como un fin en sí mismo, el respeto por la dignidad de cada persona humana; por tanto, hará un análisis y una valoración desde los principios biológicos, antropológicos y jurídicos, antes de aceptar y adoptar, jurídicamente, una solución jurídica a un hecho que involucre la relación ciencia-humanismo. Mientras que la utilitarista, se basa en conceptos de tipo económico, ligeramente ocultos tras un aparente “interés general” que debe prevalecer sobre el particular, lo cual justifica, jurídicamente, los daños que se puedan ocasionar al utilizar una tecnología, una técnica o un procedimiento en un ser vivo o en su entorno. Así, por su carácter, la corriente utilitarista es la que mas fuerza publicitaria recibe ya que no choca, ni cuestiona el sistema del biopoder, sino que, por el contrario, lo sustenta, incluso con un lenguaje muy particular que distrae y engaña.

De seguir una u otra línea dependerá la relación con el biopoder, lo intentará limitar o legitimar. Nótese que en esta relación juega un papel muy importante el lenguaje, más aun por ser jurídico donde, como bien sabemos, cada palabra tiene un sentido muy preciso, justamente por eso es vital la técnica legislativa.

Retomando la idea del biopoder, como la intención o la fuerza que intenta guiar a la sociedad hacia ciertos supuestos, diremos que la forma o la herramienta que emplea para logar tales fines es el mencionado bioderecho que consiste en la normatividad jurídica que se pretende dar sobre cuestiones que versan sobre la vida y la dignidad humana. Así, el bioderecho se convierte en una herramienta que emplea el biopoder para llevar a cabo sus deseos.

Ahora bien, es pertinente para comprender mejor, observar en la realidad cómo se da esta relación, para explicarlo tomaremos el caso del aborto.

El biopoder promueve el aborto, y detrás de esto vemos que más allá de las razones que se proclaman, está la intención de hacer un control de natalidad, además de tener un prototipo de hombre al hablar de las malformaciones del feto como una razón para matar.

Este caso, podemos analizarlo bajo las dos corrientes del bioderecho antes mencionadas. Así, para los personalistas, el aborto es matar a un ser humano en sus estadíos primigenios, desde allí el bioderecho actúa como un límite al biopoder, en defensa de la vida y la dignidad humana; Mientras que para los utilitaristas, el hecho constituye una simple “interrupción voluntaria del embarazo”, donde simplemente existía un amasijo de células, comparable a un tumor, en este caso se hace una reglamentación de lo que el biopoder propone.

Frente a este ejemplo hay que tener presente lo que anunciábamos sobre la importancia del lenguaje, desde la denominación del suceso, hasta la descripción del mismo, ya que está marcada por una determinada intencionalidad; entonces, si se penaliza el aborto, es porque estamos ante la muerte ilegítima de un ser humano indefenso, pero si se despenaliza, aunque sea “en circunstancias especiales”, deja de llamarse aborto y adquiere la denominación de “interrupción voluntaria del embarazo”, lo cual nos pone ante la muerte legítima de un ser humano. Nótese que el manejo del lenguaje posiblemente busca generar menos escozor en la sociedad intentando lograr aceptación de lo que, en el lenguaje común, sería inaceptable, teniendo en cuenta la evidencia meramente objetiva que presenta la biología: hay vida y es humana.

Para no entrar en discusiones que pueden entorpecer el mensaje, es importante aclarar que si bien es lógico que la ciencia y la tecnología pretendan innovar, el bioderecho no busca ser un obstáculo a ello arbitrariamemente; pero sí busca poner límites que previamente ha señalado la bioética y que para ser ejecutados se reclama un marco jurídico.

Para colofonar, y a manera de conclusión, hay dos invitaciones claves para la comunidad académica: Lo primero, es cuestionar hasta dónde un cambio es realmente un avance o simplemente debe ser catalogado como una novedad, allí la investigación cobra un papel protagónico, ya que no solo se aportarán ideas nuevas, sino que se podrá hacer un control mas efectivo de las propuestas que se quieren imponer.

Lo segundo, es señalar que el discurso de defensa de la vida, generalmente y con ayuda de los medios de comunicación (de nuevo el lenguaje entra en juego) se ha querido enmarcar en un plano netamente religioso, para poder desentenderse de él más fácilmente, aludiendo al argumento de no ser católicos, desconociendo que el problema no es de tal índole, sino que es antropológico y que la religión católica no es la única que se esmera en el llamado al respeto de la vida y dignidad humanas [3] . Sin embargo, hay que hacer un fuerte llamado de atención para que se analicen estos temas con mayor seriedad, pues es algo que nos involucra a todos, y desde un plano interdisciplinario tenemos frente a esta problemática una responsabilidad profesional que no podemos olvidar.

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Beatriz Eugenia Campillo Vélez



[1] Foucault estima que el poder sobre la vida se desarrolló desde el siglo XVII en dos formas principales, de un lado se centró en el cuerpo como máquina, “su educación, el aumento de sus aptitudes, el arrancamiento de sus fuerzas, el crecimiento paralelo de su utilidad y de su docilidad, su integración en sistemas de control eficaces y económicos, todo ello quedó asegurado por procedimientos de poder característicos de las disciplinas: la anatomopolítica del cuerpo humano.”  Por otro lado, a mediados del siglo XVIII, aparece otra forma de poder centrado en el cuerpo-especie, “es el cuerpo transido por la mecánica de lo viviente y que sirve de soporte a los procesos biológicos: la proliferación, los nacimientos y la mortalidad, el nivel de salud, la duración de la vida y la longevidad, con todas las condiciones que pueden hacerlos variar; todos esos problemas los toma a su cargo una serie de intervenciones y controles reguladores: una biopolítica de la población.” Cfr. FOUCAULT, Michel. Historia de la sexualidad (V.1 - La voluntad del saber). México: Siglo XXI, 1986

[2] NARANJO RAMÍREZ. Gloria Patricia. Investigación en Genética Humana y Derecho. Medellín: Editorial UPB, 2006. p.12

[3] También lo hacen otras religiones como la presbiteriana, la judía, la budista, las cristianas no católicas, entre otras.



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